La Época de la Felicidad (Asr al-Saadah) no es solo el comienzo de la historia islámica, sino el período donde el modelo social más pacífico y justo fue construido en Medina por el propio Profeta Muhammad (BPD). Su vida diaria durante este período es un equilibrio magnífico, demostrando cómo se mezclan la adoración y la vida social y cómo se establece el equilibrio entre este mundo y el más allá. Su día comenzaba con la oración del Fajr, continuaba con la contemplación en los círculos espirituales establecidos en la mezquita con sus compañeros, y se formaba mediante contactos sociales que tocaban a cada segmento de la sociedad.
A pesar de ser jefe de estado, comandante de un ejército y profeta, vivía en su hogar como un siervo de Dios extremadamente humilde. Su dicho: 'Como como un siervo come y me siento como un siervo se sienta', es un resumen de su filosofía de vida. Un modelo profético que dormía sobre una estera de paja, que no se quejaba incluso cuando no se cocinaba comida caliente en su casa durante meses, que reparaba sus propios zapatos y remendaba su propia ropa, sirve como la mayor lección para el individuo moderno sacudido por la locura consumista. El ayudar a sus esposas con las tareas del hogar y pasar tiempo jugando con sus hijos y nietos nos dejó un modelo de familia donde prevalecía el amor y la cortesía, en lugar de la autoridad.
La vida social del Profeta (BPD) era un puerto seguro para personas de todos los ámbitos de la vida. Mientras discutía asuntos de estado en la mezquita, no dudaba en tomarse tiempo en las calles de Medina para escuchar las necesidades de una viuda que llamaba a su puerta. Respecto a los derechos de los vecinos, afirmó: 'Gabriel me recomendó tanto al vecino que casi pensé que lo haría heredero', mostrando que la piedad individual debe completarse con la sensibilidad social. Acariciar la cabeza de los huérfanos, visitar a los enfermos y saludar a todos con una sonrisa eran reglas inalterables en su rutina diaria. Enseñó con el ejemplo vivo que una sonrisa es una forma de caridad (sadaqa).
In su vida diaria, la adoración no era una acción apretujada en un rincón de la vida, sino un eje situado en su centro. Mientras era un siervo que permanecía en oraciones nocturnas hasta que se le hinchaban los pies, era un líder dinámico que inspeccionaba el comercio en el mercado, escribía cartas diplomáticas y resolvía problemas sociales durante el día. Este equilibrio enseña al musulmán a no retirarse del mundo, sino a ver el mundo como un campo para el más allá y a vivir cada momento con la conciencia de la adoración. Este ejemplo de vida diaria de la Época de la Felicidad es una brújula salvadora para el individuo digitalizado y solitario de hoy en cada campo, desde el comercio honesto hasta la compasión familiar.
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