
Despertarse con miedo en medio del sueño o encontrarse con escenas oscuras y aterradoras es una situación que todo ser humano experimenta al menos una vez en su vida. En la tradición islámica, este tipo de sueños se denominan 'Hulm' y se acepta generalmente que se originan por susurros satánicos (vesvese) o ansiedades carnales. Nuestro Profeta (SAW) dejó un 'plan de acción' muy claro para que los creyentes no entren en pánico en tales situaciones y protejan su equilibrio espiritual. Un mal sueño no es el presagio de un desastre, sino simplemente una tormenta mental o espiritual. Lo importante es eliminar los efectos de esta tormenta con una fe inquebrantable.
La primera acción que debe tomarse al despertarse de un mal sueño es cambiar la posición de descanso. Según la Sunnah, si está acostado sobre su lado derecho, girarse hacia el izquierdo, o viceversa, es una intervención física que interrumpe el flujo mental. Además, dirigirse hacia el lado izquierdo y decir simbólicamente (sin escupir, en forma de soplo) 'tuuu' tres veces significa rechazar la energía negativa y el susurro satánico del sueño. Esta acción envía un mensaje al subconsciente diciendo 'no acepto este sueño ni su efecto', proporcionando alivio psicológico y un escudo de seguridad.
El movimiento espiritual más poderoso tras un mal sueño es ponerse bajo la protección absoluta de Alá diciendo 'Eûzü billâhi mineş-şeytânirracîm'. Además, leer el Ayatul Kursi y las suras de Falaq y Nas actúa como una medicina luminosa que dispersa la penumbra del sueño sobre el alma. Nuestro Profeta (SAW) anunció que estas oraciones protegen al creyente de todo tipo de peligros invisibles. La oración no es solo la pronunciación de palabras, sino el corazón aferrándose al 'Verdadero Dueño'. Una vez tomado este refugio, debe asentarse en la mente la creencia de que el sueño no causará ningún daño. El miedo solo se vence con la fe.
Una de las reglas más vitales respecto a los malos sueños es no contar este sueño a nadie. Los eruditos islámicos afirman que un sueño comienza a 'tomar cuerpo' en el momento en que se cuenta. Un mal sueño que no se cuenta se dispersa como una nube en la mente, mientras que un sueño contado puede evolucionar hacia una dimensión negativa a través de las interpretaciones de los demás. Este es un método inestimable para eliminar el riesgo de lo que académicamente se llama 'profecía autocumplida' (self-fulfilling prophecy). El silencio atrapa y destruye la energía negativa. Guardar el secreto es una dignidad espiritual.

Si un sueño no puede expulsarse de la mente de alguna manera, es necesario intentar vincularlo a un resultado beneficioso, aunque sea por la fuerza (tefe'ül). Hacer inferencias positivas como 'Este sueño me recordó que debo dar limosna' o 'Es una advertencia para que ponga orden en mi ego' convierte el veneno del sueño en un antídoto. No debe olvidarse que la interpretación de los sueños es una ciencia de probabilidades; si incluso el peor escenario se interpreta para bien, la misericordia divina puede manifestarse en esa dirección. Sintonizar su mente con la frecuencia del 'bien' es invitar a los bellos giros del destino. Buscar el bien en cada mal es la postura del creyente.
Dar una limosna (sadaka), aunque sea pequeña, tras una pesadilla pesada e impresionante es el método más efectivo de 'alejar la calamidad' recomendado por los eruditos islámicos. Según el hadiz 'La limosna aleja la calamidad', este sacrificio material rompe la presión psicológica que el sueño pudiera crear y da alivio al corazón. Además, si es posible, realizar el wudu (ablución) o rezar dos rak'ahs de oración de 'gratitud' o de 'necesidad' purifica el cuerpo y el alma de vibraciones negativas. El agua es una gracia divina que lava no solo la suciedad, sino también ese peso sombrío traído por el sueño.
Para prevenir los malos sueños desde el principio, se debe prestar atención a la 'etiqueta al acostarse' que ofrece el Islam. Dormir con wudu, acostarse sobre el lado derecho y conciliar el sueño leyendo suras protectoras como 'Sura Al-Mulk' convierte el mundo de los sueños en un 'jardín de adoración'. Los hábitos traídos por la vida moderna, como dormir mirando una pantalla o ingerir comidas pesadas, son factores físicos que reducen la calidad de los sueños. La higiene espiritual comienza con el dhikr realizado antes de dormir. Es mucho más difícil que los susurros satánicos se filtren en el corazón de alguien que duerme ocupando su mente con Alá.
En conclusión, tener un mal sueño no es un desastre, sino una oportunidad de despertar y de refugiarse. Para un creyente que sigue las recomendaciones de nuestro Profeta, las pesadillas no son más que una breve sombra del sueño. No deje que el miedo le gestione; gestione usted el miedo con sus oraciones y su confianza (tawakkul). Por muy oscuro que sea su sueño, la luz de la mañana y la misericordia de Alá son suficientes para iluminarlo todo. Al aplicar esta receta espiritual a su vida, notará que sus sueños son más tranquilos y su corazón está más seguro frente a todo tipo de susurros. Que su sueño sea para bien y su final sea la paz.
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