
Los actos del Hajj y la Umrah no están compuestos meramente de movimientos físicos realizados en lugares específicos; estos viajes son migraciones espirituales (hégira) que muestran su verdadero efecto en las profundidades del corazón. Antes de embarcarse en estos viajes benditos, lo más importante —mucho más que los preparativos materiales— es vestirse con provisiones espirituales. La preparación espiritual implica que el siervo se arrepienta de los pecados pasados con un remordimiento sincero, pida perdón a quienes ha agraviado y parta con una intención pura únicamente por la complacencia de Alá. Un viaje financiado con ganancias lícitas (halal) es el cimiento más firme de este edificio espiritual. Ir a la Casa de Alá (Baytullah) sin un corazón purificado corre el riesgo de convertirse en un simple viaje turístico.
Durante el proceso de preparación espiritual, uno debe conocer profundamente la vida, el carácter y el Hajj del Profeta (PyB). Cuando decimos 'Labbayk' mientras recitamos la talbiyah, debemos contemplar a qué invitación divina estamos diciendo que sí. La contemplación (tafakkur) es el alma del Hajj y la Umrah. El silencio de las lenguas y el habla del corazón al ver por primera vez la Kaaba es darse cuenta de la propia nada ante la majestad de Alá. Sentir la soledad en medio de la multitud del juicio en Arafat, y buscar refugio solo en la protección del Creador bajo las estrellas en la oscuridad absoluta de Muzdalifah, aleja al creyente de las ambiciones mundanas y lo lleva al horizonte de la eternidad. El khushu (humildad) brota dentro de este profundo silencio.

La contemplación realizada en las tierras santas es un proceso donde el individuo encuentra respuestas a preguntas existenciales. Preguntas como '¿De dónde vengo, a dónde voy?' encuentran respuestas más claras mientras se rodea la Kaaba. El Tawaf es el nombre de una participación voluntaria en la glorificación de Alá por parte de todo en el universo, desde los átomos hasta las galaxias. Este clima de contemplación permite al creyente afirmar la fugacidad de la vida mundana y la permanencia del más allá, no solo intelectualmente sino también con el corazón. Además, estar hombro con hombro con millones de musulmanes cuyos idiomas y colores son diferentes pero cuyos corazones laten en el mismo punto transforma el sentido del 'yo' en un sentido de 'nosotros' (Umma). Esta hermandad universal es la mayor fuerza del Islam.
El Hajj y la Umrah no son acciones que comienzan y terminan en las tierras santas; esas tierras son una fábrica que reconstruye al creyente. Un verdadero peregrino es aquel que lleva la taqwa (conciencia de Dios), la paciencia y la sinceridad ganadas allí de regreso a su país, hogar y trabajo. El mayor signo de un Hajj aceptado (Hajj Mabrur) es que la persona adopte un carácter más virtuoso que antes a su regreso. Este cambio, que comienza con la iluminación del corazón, debe durar toda la vida. En conclusión, el Hajj y la Umrah son oportunidades para la purificación, el asentamiento y la renovación de nuestro contrato con nuestro Señor. La inspiración tomada de este viaje es la clave tanto para la felicidad en este mundo como para la salvación en el más allá. El desarrollo espiritual debe reflejarse en cada día después del encuentro.
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