
El ser humano es, por la raíz misma de la palabra, un ser marcado por el 'nisyan' (olvido). La velocidad y la intensa ocupación laboral de la vida moderna empujan a los individuos lejos incluso de sus más allegados, hacia una espiral de profunda soledad. En el sistema moral islámico, el 'Sila-i Rahim' (visitar a parientes y amigos, proteger los vínculos) se ve por ello no solo como una recomendación, sino como una necesidad al nivel de una obligación (fard). Un mensaje enviado en días religiosos es el toque espiritual a puertas que no se pueden alcanzar físicamente. Académicamente, este acto es vital para que el individuo afirme su 'existencia social' y muestre la voluntad de mantener vivos sus vínculos.
En la sociedad islámica tradicional, el sila-i rahim se realizaba yendo de puerta en puerta y besando manos. Sin embargo, hoy en día, las estructuras familiares dispersas por el mundo y las prácticas de vida digitalizadas han cambiado la forma de este acto de adoración. Un mensaje de viernes o de Eid enviado hoy es una versión moderna y rápida de la 'visita' tradicional. Estos mensajes, según la teoría de la cohesión social, son hilos invisibles que evitan que la sociedad se atomice. La persona recordada con un mensaje se siente valiosa y parte de una comunidad; esto es el mayor apoyo para el bienestar psicológico.
En la fe islámica existe una sensibilidad que equipara 'destruir la Kaaba con romper un corazón'. Para ganar corazones, reparar lazos rotos y terminar con los resentimientos, días como el viernes y Kandil ofrecen una magnífica ventana de oportunidad psicológica. Una persona puede ocultar una disculpa o un deseo de reconciliación —que le costaría decir en días normales— dentro de un mensaje de felicitación refugiándose en la santidad de estos días. Un mensaje que comienza con 'En honor a estos días benditos' tiene el potencial de ablandar incluso los corazones más duros. El lenguaje, en este proceso, se posiciona como una 'herramienta de diplomacia' y un sanador espiritual.
La investigación psicológica moderna ha demostrado que los actos de 'comportamiento altruista' (hacer algo por otro desinteresadamente) provocan la secreción de hormonas de la felicidad también en quien realiza la acción. Enviar a alguien una bella oración o una felicitación permite que el remitente también se purifique espiritualmente y pase a un estado mental positivo. El tráfico de mensajes en días religiosos crea una 'atmósfera de amabilidad' (aura of kindness) en la sociedad. En un entorno donde vuelan los buenos deseos mutuos, es mucho más difícil que aniden los sentimientos negativos y el lenguaje del odio. Mensajear es un estado de meditación social.

El Sagrado Corán dice: 'Una buena palabra es como un buen árbol, cuya raíz está firme en la tierra y cuyas ramas se elevan al cielo' (Ibrahim, 24), haciendo de la calidad de la comunicación una parte de la fe. Es una exigencia de este mandato divino que los mensajes preparados elegidos o las frases construidas en días religiosos contengan estética y cortesía. Un lenguaje grosero, juicioso o frío contradice el espíritu del día bendito. Al contrario, un lenguaje que infunda esperanza, lleno de amor y centrado en la oración fortalece el sistema inmunológico espiritual tanto del individuo como de la sociedad. La palabra es la puerta del alma al mundo; por esa puerta solo deben salir sonidos luminosos.
Estas publicaciones realizadas en días religiosos son la forma pedagógica más práctica de enseñar y transmitir 'nuestros días importantes' a las futuras generaciones. Que un niño vea a su padre o a su madre enviando mensajes a amigos el viernes, o llamando y mensajeando a los mayores en Kandil, despierta en él una pertenencia cultural y una curiosidad espiritual. Estas acciones aseguran que los códigos fundamentales (codificación) de la civilización islámica se reproduzcan en la era digital. La barricada más fuerte que asegura que los Eid y las noches benditas 'no se olviden' es esta cultura del recordatorio digital.
El asunto ético más importante que debe cuidarse en la cultura de la mensajería religiosa es que este acto no se convierta en una carrera de 'ostentación' (riya). Las publicaciones hechas solo por el hecho de compartir o para parecer 'piadoso' en las redes sociales pueden dañar la sinceridad (ihlas) que reside en el núcleo de la oración y el saludo. Un vínculo espiritual auténtico solo gana valor si se establece en el eje del 'agrado de Alá' y el 'amor al ser humano'. Por lo tanto, cada mensaje compartido debe ser aprobado primero en nuestro propio corazón y luego transmitido a la otra parte. La espiritualidad no está en la cantidad, sino en la calidad y en la sinceridad oculta.
En conclusión, recordar a nuestros seres queridos en días religiosos y enviarles un mensaje de oración/felicitación es la resistencia más noble contra la alienación que trae la era moderna. Estos mensajes son chispas pequeñas pero luminosas que iluminan corazones que están a punto de apagarse. Usa tus palabras como sanación, como buenas nuevas y como embajadores del amor. Está en nuestras manos convertir el mundo digital en un escenario espiritual donde resuene el afecto divino en lugar del odio. Ahora toma tu teléfono y envía no solo un 'mensaje', sino una paz al corazón. No debe olvidarse que quien recuerda, siempre es recordado.
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