La suplicación (Dua) es la admisión de la inadecuación humana ante el Poseedor del poder infinito; es decir 'yo no puedo hacerlo, pero Tú sí'. Sin embargo, así como cada puerta tiene una llave, la apertura de las puertas del cielo tiene su propia etiqueta. Las figuras islámicas recomiendan seguir un método y orden específicos para que las oraciones sean respondidas. A la vanguardia de esta etiqueta está comenzar la oración alabando a Alá, seguido inmediatamente por el envío de bendiciones sobre el Profeta (BPD). Como afirma la sabiduría de los eruditos: 'Una oración hecha entre dos oraciones aceptadas (Salavat) no es rechazada'. Pues Alá Todopoderoso indudablemente acepta la salavat al principio y al final de la oración; y debido a Su generosidad, considera indigno de Su honor rechazar los deseos personales del siervo entre estas dos oraciones aceptadas. Las salavat son las alas espirituales que elevan la oración a los cielos; así como un pájaro sin alas no puede volar, una oración sin salavat permanece suspendida entre la tierra y el cielo.
Incluir los Bellos Nombres de Alá (Esmaul Husna) en la suplicación es una necesidad del mandato divino: 'A Alá pertenecen los nombres más bellos, así que invocadle por ellos' (Araf 180). Para cada sufrimiento, hay una sanación, y para cada nombre, hay una manifestación en el cosmos. Aquellos que buscan provisión se aferran a 'ar-Rezzak', aquellos que esperan sanación a 'ash-Shafi', y aquellos que desean la apertura de puertas cerradas al nombre 'al-Fattah'. Sin embargo, el método más efectivo es fusionar los nombres con la salavat. Decir: 'Oh Alá, facilita mis asuntos por el bien del nombre al-Latif y a través de la bendición de esta salavat que envío al Profeta', eleva la oración a una frecuencia divina. Cuando uno considera que el secreto de Ism-i Azam (el Nombre Supremo) también está oculto dentro de las Esmaul Husna, la unión de la luz de los nombres con el amor por el Profeta representa el grado espiritual más alto que un creyente puede alcanzar.
La etiqueta de la oración no solo consiste en lo que dice la lengua; la alerta del corazón (Huzur-u Qalb) en ese momento es crucial. Una oración realizada con un corazón descuidado no beneficia al dueño. Por lo tanto, la disciplina del dhikr es una preparación para poner al corazón en estado de oración. Los nombres y bendiciones recitados diariamente en un número determinado limpian el óxido del corazón con el tiempo y llevan a la persona a la conciencia de que 'Mi Señor me escucha'. En este artículo, encontrará en detalle cómo debe cronometrar los momentos de aceptación de la oración, el secreto de los minutos de recuerdo al amanecer, y cómo el efecto espiritual se multiplica cuando un nombre determinado se combina con una salavat determinada. No olvide que la oración no es solo pedir cosas, sino la renovación de su vínculo con Alá. Los eslabones más fuertes de este vínculo son las Esmaul Husna y la Salavat-i Sharifa.
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