
Hablar de forma bella y eficaz no es solo un proceso mental, sino también el resultado de una intensa coordinación física. El proceso del habla se basa en la armonía de un complejo conjunto de órganos que comienza en el diafragma y llega hasta las cuerdas vocales, y de ahí a la estructura de la lengua, los labios, la mandíbula, las mejillas y el paladar. Casi todos estos órganos están formados por músculos y, como cualquier grupo muscular, necesitan desarrollarse mediante un entrenamiento regular. La etapa más básica y crítica del entrenamiento de la dicción es este desarrollo físico. Cuanto más flexibles, fuertes y controlables sean los músculos, más nítidas serán las palabras, más voluminosa la voz y más fluido el habla. La calidad de la articulación depende de la libertad de estos órganos.
El combustible del habla es el aliento. El diafragma y los músculos intercostales son los motores principales que determinan la potencia de la voz. Cuando se enseña el uso correcto del diafragma, no solo aumenta la calidad de la voz, sino que el orador tampoco se cansa en alocuciones de larga duración. La lengua, por otro lado, es el órgano más ágil y 'rebelde' entre las herramientas del habla. Los ejercicios de lengua aclaran los movimientos de la lengua sobre el paladar y eliminan defectos de pronunciación como el 'ceceo' o el 'atropellamiento' de las palabras. La pereza de los músculos labiales es la causa principal de la sonoridad sorda, conocida coloquialmente como 'hablar para adentro'. Los ejercicios que estiran los labios como un arco aseguran que cada letra salga en su forma más pura desde su punto de articulación único. La memoria muscular es la base inquebrantable de la dicción.

La articulación de la mandíbula es la puerta más importante que permite que el sonido resuene y tome forma en la cavidad bucal. Los ejercicios para relajar los músculos de la mandíbula y moverlos en el ángulo correcto rompen esta 'prisión de la voz', permitiendo que las palabras ganen su libertad. Los músculos de las mejillas son elementos auxiliares que enriquecen el timbre de la voz. Tener unas mejillas resistentes y fuertes ayuda a que la voz emerja con más cuerpo y autoridad al difundirse desde la boca. Estos trabajos físicos convierten el habla de ser una mera herramienta de comunicación en, prácticamente, un arte escénico. La claridad fonética está directamente relacionada con la flexibilidad de los músculos de la mandíbula y las mejillas. Cada palabra es una joya moldeada en la cavidad bucal.
Los trabalenguas son como entrenamientos de 'peso pesado' en la educación de la dicción. Intentar decir un trabalenguas de forma rápida y sin errores obliga a la lengua, los labios, la mandíbula y la respiración a trabajar al máximo rendimiento simultáneamente. La práctica regular de trabalenguas acelera la transmisión neuronal entre el cerebro y los órganos del habla; es decir, perfecciona la sincronización entre la 'velocidad del pensamiento' y la 'velocidad del habla'. Este proceso de desarrollo físico, combinado con estudios fonéticos, permite al individuo afinar su voz como si fuera un instrumento. No debe olvidarse que el desarrollo físico requiere paciencia; un trabajo de 15 minutos al día cambiará por completo la 'firma vocal' del individuo en la sociedad en pocos meses. El trabajo disciplinado es el único secreto de la dicción.
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