El propósito del descenso del Sagrado Corán a la tierra no es meramente ser recitado con una voz hermosa; es para que sus versículos sean profundamente reflexionados (tadabbur), comprendidos, y para que la vida sea reconstruida dentro del marco de estas reglas divinas. En el atlas del pensamiento islámico, el Corán es una guía para la hidayah (guía) revelada para ser 'leída y vivida'. Aunque leer el texto puramente en árabe sin duda trae una gran recompensa y placer espiritual, la ignorancia de lo que dicen los versículos y qué mensaje transmiten puede dejar la fe del creyente en un nivel superficial (taqlidi). El Islam, sin embargo, desea que el creyente lleve su fe a un nivel de certeza (tahqiqi), un nivel que cuestiona, entiende y comprende. Leer la traducción versículo por versículo es el paso más crítico que entra en juego en este punto. Sentir que cada mandato divino nos aborda personalmente y a nuestros problemas contemporáneos nos permite captar el carácter 'atemporal' del Corán.
Conocer el significado de las suras que recitamos en la oración (salat) transforma ese acto de adoración de un movimiento mecánico en una conversación consciente con el Señor de los Mundos. Sentir el peso de las palabras mientras se dice 'Iyyaka na'budu' (Es a Ti a quien adoramos) eleva la serenidad (khushu) y la satisfacción espiritual en la oración a su máximo nivel. Conocer el énfasis del Corán en la justicia frente a una injusticia, o las buenas nuevas de 'Inna ma'al usri yusra' (Ciertamente, con la dificultad viene la facilidad) en un momento de dolor a través de la traducción, hace al creyente resistente contra las tragedias de la vida. En la tradición islámica, la reflexión (tafakkur) durante una hora se equipara a setenta años de adoración supererogatoria. Leer la traducción coránica es la llave de oro para esta puerta de reflexión. Cuando una persona capta el mensaje divino en su propio idioma, aprende su religión no de oídas o información supersticiosa, sino directamente de su fuente primaria. Esto libera al musulmán de una cautividad mental y lo convierte en un individuo libre y consciente.
Leer la traducción coránica no solo significa aprender historias del pasado; se trata de llevar a cabo nuestra propia disciplina del alma (nafs) a través de los personajes de esas historias (Faraón, Nimrod, José, Moisés). Un creyente que adquiere la disciplina de la reflexión adquiere la capacidad de preguntar '¿Qué ordenó mi Señor respecto a esto?' mientras camina por la calle, trabaja o en una fase de toma de decisiones. Leer la traducción significa bajar el Corán de estantes polvorientos y colocarlo en el rincón más preciado del corazón y la mente. En este artículo, examinaremos a qué prestar atención mientras se lee la traducción, la diferencia entre la exégesis (tafsir) y la traducción, y cómo un alma que persigue el significado experimenta una transformación. Captar el mensaje del Corán transforma nuestro exilio en este mundo en un viaje significativo. El alma que encuentra el significado ha encontrado el Alma de la Palabra.
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